miércoles, 12 de septiembre de 2012
y el roce de sus labios contra la piel de mi cuello.
Sostuve mi mirada inquisitiva, inmóvil, sin ceder. Él tiró
de mi. Le seguí sumisa. Nadie parecía mirar a nadie, pero nuestros rostros
inmunes parecieron ser de más importancia que unas simples palabras. Me empujó
de forma suave contra la pared más próxima y allí me abrazó de nuevo, con mayor
intensidad y fuerza. Un atisbo de pasión que nacía y moría allí mismo.
Simplemente me dejé querer. Sentí de nuevo la mano del chico en mi nuca, la
respiración junto a mi oído, y el roce de sus labios contra la piel de mi
cuello.
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