lunes, 23 de diciembre de 2013

Caí.

Arranqué las cadenas que me quisieron atar al desvelo por ti, por una cama sin ti. Y caí a la fatiga por tus besos, caí. A mojar con saliva la tinta de mis plumas. A retorcer los renglones de poesías obsoletas. Que nunca más duren secas tus sábanas dos días, y que mi ropa recoja el polvo de tu suelo al salir.

No te alejes de aquí, y si te alejas, que sea para coger el aire que te voy quitando. 

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