Me deleita el ruido de las hojas secas que se me fueron
cayendo por el camino. El canto grave de una cigarra chapucea entre los
charcos, y moja mis pies. Y yo sigo caminando, sin importarme cuán calada me
dejó el paso del tiempo.
Y aunque descalza anduve hasta en primavera, sintiendo bajo
mis pies las brasas, hoy vuelve a forjarse un nuevo suelo bajo mis pasos. Ahora
camino sobre sus las lágrimas, que me queman más dentro aún que todo mi interior en llamas.
Pero soportaría todo el fuego del mundo, con tal de celebrar
un invierno contigo.
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