martes, 2 de diciembre de 2014

Que las caricias se nos van de las manos.

Decías que los poetas
han dejado de tatuar abecedarios,
de jugar con palabras.

Porque las musas
ya no sienten, ni ríen.
Sólo cortan flores y se marchitan.

Que las caricias
se nos van de las manos.

Que todos somos predicadores.
Por ese juego de palabras
que hacías con que
somos, estamos y parecemos.


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