Decías que los poetas
han dejado de tatuar abecedarios,
de jugar con palabras.
Porque las musas
ya no sienten, ni ríen.
Sólo cortan flores y se marchitan.
Que las caricias
se nos van de las manos.
Que todos somos predicadores.
Por ese juego de palabras
que hacías con que
somos, estamos y parecemos.
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