A merced del tiempo ha rebosado idóneamente hoy la nostalgia.
Ha mecido la vida y las cosas
que nos dignifican
y remueven la memoria.
Me ha mirado como la que aprovecha los minutos perdidos,
acomodando expectativas,
queriendo saber lo que no sabe.
Ha callado sin permiso,
alcanzando el llanto seco y amargo
de chocolate y dulces prohibidos,
que amenazan la salud riéndose
de la edad del tiempo,
de las inevitables arrugas del viento.
Hoy han encogido con la luz del cielo las nubes de su pelo.
Las canas se bañaban en juventud al verse tan llenas de gente.
Brindo por la vida de la sabiduría ya vivida,
los ojos sanos que lo vieron
y el árbol que dejó a su paso.
Felices 80.
No hay comentarios:
Publicar un comentario