miércoles, 3 de julio de 2013

FIN.

5.00 am. Lunes. 

Un trabajo estable, con un sueldo poco digno. Mantenía una familia desestructurada, con una ex-mujer que pedía dinero, un dinero que no existía.
Aquel hombre, con cuarenta y dos años de vida, miraba con tristeza la orden de desahucio que el banco le mandó el día anterior. Facturas, facturas y más facturas. Su sueldo no llegaba a cubrirlo todo.
Gritó con fuerza, soltando toda la rabia que la impotencia de no poder hacer nada le provocaba. Se fue al salón y se arrimó a una botella de Whisky escocés. El alcohol resbalaba por su garganta cada cinco segundos.
Al cabo de dos horas, escuchó unas palabras, las últimas palabras que oiría antes de que una soga se llevara por delante su vida. Unas palabras pronunciadas por la voz de un niño de cuatro años. Unas palabras acompañadas por unas lágrimas débiles.
“¿Papi?”

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