Me subo a los árboles cuando dejas de mirarme, y es que se
me pudren las ideas cuando no me besas. Hasta las ratas con galones, me escupen
versos envenenados, para hacerme bajar de las alturas. Soy la reina de los tejados.
De vez en cuando apetece descansar, se me frunce la espalda de
tantas noches sin dormir. Y leo en las tejas vidas callejeras del que
busca en las esquinas y llora en las aceras, del que mira al cielo esperando una
respuesta y no recibe más que el silencio del sol que se esconde de sus lágrimas. Historias de poetas, fantoches de bolsillo y faroleros que se inspiran en los bares de putas.
Me quedo aquí para vivir y compartir con la calle la
fábula de tus besos. Me quedo aquí para morir, con los ojos tapados y la luna
por bandera.
Soy la reina de los tejados.
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