Reinvento renglones, apoyándome en las líneas continuas que
escribió mi carmín apoyado en tu piel. Los miro de cerca, borracha, y les suplico
antes de dormir. Me quedo en el último escalón de tu espalda y escupo el hambre que me provoca el no devorarte. Me
duele la boca de decirte que yo te quiero más, y de morderme los labios al
verte. A latigazos de saliva, reprimo pecados, que por carne yo he visto morir.
A mí no me hables de cruces al hombro, que estoy hecha de astillas y clavos,
pues soy de olivo corrompido por barniz. Tállame otro corazón amor, que la
lluvia me ha calado los huesos y mi madera se pudrió por falta de besos.
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