martes, 18 de marzo de 2014

Infierno.

Bajaste y viniste a decirme qué veías. Bajaste hasta el mismo infierno, aprendiste, y viniste más tarde a contarme que no de gula tiene el diablo ardores en el estómago. Que allí abajo se queman los miedos al mismo tiempo que tú. Y tú que esperabas encontrar putas y viciosos como relatan las leyendas, y sólo quedaban las cenizas de algunas sotanas y el metal oxidado de férulas forjadas en pecado. Dicen que cuando se prueba la adrenalina, te vuelves adicto a ella. Así que imagino que no le dijiste adiós a Satán, sino un “volveré acompañado, amigo”.

Pequemos, amor, que en el infierno ya tenemos asiento en primera fila.

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