sábado, 10 de mayo de 2014

La chica que derrochaba melodía al caminar.


La había visto pasar antes,
era ese tipo de chica que no te mira
si no sabes su nombre.
De aquellas que le ponen voz a las sonrisas que se cruza.

Acababa de cumplir diecisiete y solía fumar
para que le pidieran fuego.
Ella tenía mi edad
pero si decía veinticinco
no había hombre en el barrio tan estúpido
para ponerlo en duda.

Llevaba música en los zapatos,
no me refiero al sonar de sus pisadas,
quiero decir que verla caminar
tenía banda sonora.
Como si te introdujeras dentro de una melodía
y no pudieras salir hasta que doblaba la esquina.
Luego tarareabas su ausencia.

Me recuerdo asomada a la ventana
viendo la cara de los hombres que a sus pies iban cayendo.
La realidad es que los enamoraba hasta de la calle
porque por ella pasaba esa mujer.

Luego un día,
otro chico cualquiera la besó a la luz de una farola
y la calle, su calle, se quedó a oscuras.

Cambiaron la melodía de su ausencia
por un ritmo desafinado
de dos lenguas que buscaban el amor que no le dieron
en la boca equivocada.

No volvieron a silbar.

A veces todavía cierran los ojos
y ven aquella calle
y a ella caminando como quien nunca llega tarde.

La llamaron, la llamaron muchas veces
y aunque sí que los miró nunca jamás
consiguió verles.

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