Somos un beso arrebatado(r) de despedida, el primer cubata
sin pretensiones. Somos sonrisas de altavoz y manos que no se cogían al pasear.
Somos la primera vez que vi la Giralda, sobre tus hombros. Somos tu mano
incontenible siguiendo mi culo al
caminar.
Somos cada pared de Sevilla en la que me asaltan tus besos, un polvo
en los baños de una discoteca, la habitación en ruinas en la que nunca me
quitaste la ropa, cien cafeterías y un contenedor en llamas.
Somos desayunos,
de mi mano a tu boca, de tu mano a mis dientes. Somos la mirada indiscreta que
me vio seducirte.
Somos billetes de trenes que ya se han ido, la noche de un
despacho vacío, tus ojos curiosos, las rosas amarillas del parque vivo.
Somos
los niños que se miraban jugando a ser adultos, los adultos que sueñan con ser
niños. Somos la sonrisa del pensar en ti.
Nunca fuimos. Somos.
Somos un concierto sin entrada, un perfume sin piel, el mar
del fin del mundo sin marea.
Somos el teléfono al que arrancamos el cable y el
calendario acabado que sólo conserva el mes de abril.
Somos tu nombre cada vez
que respiro, el cigarro de después. Somos el fracaso del amor actual, la
estabilidad sin rutina, las horas que nos pensamos cada día.
Somos el miedo a
todo, la burbuja en la que vivimos.
Somos lo que fuimos y lo que seremos.
Somos ayer, y hoy.
Y me invento que nunca seremos olvido.
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