Entre suspiro y suspiro
se les consumió la juventud.
Entre gritos y truenos
murió su inocencia.
Entre despedidas y finales
perdieron los principios.
Decidieron un tiro en la sien,
uno y cien. Veces
no fuera a ser que se les escapara,
también,
la libertad.
La libertad no se extingue, ni se escapa. La libertad es saber pensar con ruido, en el silencio sonoro de una caricia y en los infinitésimos segundos antes de decir si saltar al vacío o ahogarte en el que tienes dentro. Espero que tu libertad de palabra nunca se escape, porque aparte de haberme regalado eternidades a los ojos, es lo único que nos desata del suelo.
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