El erotismo
de una conversación inteligente
llena de indirectas e insinuaciones
que sabes que acabará en sexo
sólo si seduces
su mente.
Así hablaban ellos.
No le escribía letras,
sino lágrimas.
Le lloró poemas enteros
y él le limpió las mejillas con indiferencia.
Ella era música,
tenía rock&roll en las caderas,
un blues melancólico en los ojos
y la nobleza de un vals
en la forma de soltarse el pelo.
Y él, el muy descarado,
tenía en la mirada todas las infracciones posibles.
Juro que le acabaron encerrando en sus ojos.
Ella que sin saber de viajes, de kilómetros,
fue a enamorarse de un hombre cometa.
Fugaz y efímero.
Lo que pasa es que él tiene todo lo que a ella le hace falta
para ser poeta.
Fueron poesía.
No sé si los explico.
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